Apocalipsis, los últimos tiempos. ¿Está usted afirmado sobre la Roca?
EL CONOCIMIENTO DE SU PODER
Efesios 3: 1-23
Efesios menciona algo que se extiende de eternidad a eternidad. Por un lado, tenemos la eternidad pasada. En ella Dios llevó a cabo una predestinación, un plan y una voluntad. Por otro, tenemos la eternidad futura. En ella Dios realizará Su propósito y obtendrá lo que El será para siempre. Pero, ¿qué está realizando en medio de las dos eternidades, dentro de la expansión del tiempo? ¿Y qué está haciendo hoy para llevar a cabo lo que determinó desde la eternidad pasada y lo que obtendrá en la eternidad futura?
La oración de Pablo presenta dos aspectos, uno general y uno personal. Desde la perspectiva general, él oró para que tuviéramos el pleno conocimiento de Dios, para que conociéramos la esperanza de nuestro llamamiento, y las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos. Y desde el ángulo de la aplicación personal, oró para que llegáramos a conocer “la supereminente grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos”. Después de que conocemos a Dios y Su obra de eternidad a eternidad, experimentamos tal poder dentro de nosotros, y sólo entonces el aspecto específico y personal empieza. Primero necesitamos la visión general, para después tener la aplicación personal. Muchos cristianos han descuidado por completo el primero de estos dos aspectos; piensan que pueden prescindir del conocimiento de Dios y de Su voluntad eterna; y toman como su prioridad obtener el poder de Dios para sí mismos. Y llegar a ser más santos, más victoriosos y más espirituales en sí mismos. Su atención está en ellos mismos y no en Dios. Pero el enfoque de Dios es diferente: por medio del conocimiento que tengamos de El y de Su propósito eterno, El obra en nosotros hasta llevarnos a cumplir Su propósito eterno. Dios obra en nuestro interior con el fin de cumplir Su voluntad eterna. Todas nuestras victorias personales y nuestras obras individuales deben estar dirigidas al cumplimiento de la meta eterna de Dios.
Muchos hijos de Dios toman con reservas este asunto. Su atención está centrada principalmente en sus cosas personales; les preocupan sobre todo sus victorias personales, su santidad personal, y que sus oraciones individuales reciban respuesta. Esta es la condición de los que no buscan al Señor de corazón y también de los que, aunque buscan al Señor, les preocupa ante todo conducirse de la manera más apropiada ante el Señor. Muchas veces no tienen interés en el Señor sino en que sus problemas personales se resuelvan. Su atención está fija en sus problemas personales. Todo su deseo y esperanza es simplemente que Dios les dé paz y felicidad. Un gran número de creyentes están centrados en sí mismos; toda su vida y toda su atención giran en torno de sí mismos, y no del Señor.
Es verdad que Dios desea obrar en nosotros y que necesitamos victorias personales, santidad, poder, fortaleza, libertad y liberación. Pero hay cosas mejores que ésas. Dios quiere que tengamos una visión, y que conozcamos la meta de todo lo que El está haciendo; además, El desea obrar en nosotros para cumplir esa meta. La meta de Dios no consiste simplemente en concedernos una vida santa y vencedora. Su meta no es tan pequeña. Dios desea mostrarnos la obra que se propone a realizar de eternidad a eternidad. Toda persona redimida tiene parte en Su plan, y Dios obra en ella en conformidad con la operación de la fuerza de Su poder, a fin de cumplir Su plan eterno.
Con base en todo lo anterior, debemos ver un principio crucial; que Su obra personal en el individuo depende de la visión que éste tenga; y que el poder personal que la persona reciba se basa en la visión que tenga. Primero viene la visión y después el poder. Primero es lo general y luego lo específico y personal. Si alguien no tiene la visión, no puede esperar que Dios obre en su interior. Supongamos que un padre le pide a su hijo que le compre algo, y le da el dinero para ello. El padre no espera que su hijo obtenga más dinero, sino simplemente que le traiga lo que le encargó. De igual manera, Dios nos dio poder no sólo para que tengamos un deleite personal y espiritual, sino para lograr Su meta. Debemos examinar a fondo este asunto delante del Señor. Tal vez pensemos que este asunto es demasiado amplio. Y ciertamente lo es, pero está estrechamente relacionado con nuestro futuro espiritual. Muchos nunca experimentan una obra personal de Dios en sus vidas debido a que nunca han recibido una visión. Toda obra personal se basa en la visión que recibimos de Dios. La visión viene primero, y la obra personal y específica luego. Primero obtenemos la visión, y luego experimentamos la obra. Primero conocemos la esperanza del llamamiento y las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos; y luego experimentamos la supereminente grandeza de Su poder para con nosotros. Que el Señor nos conceda gracia para que veamos que no es suficiente ser siervos en la casa de Dios; ni sólo llevar a cabo algunos deberes. Sólo los amigos de Dios conocen Su corazón. Deben ver, conocer y tener una visión que los atraiga y que capture su corazón, hasta el grado que comprendan que el Señor toma lo que ellos hagan como parte de Su obra.
Sólo llegamos a ser útiles al Señor cuando tenemos la visión; únicamente podemos ser usados cuando conocemos la obra de Cristo y el poder de Dios en nosotros. Tal visión nos permite ver el plan de Dios, y tal poder nos capacita para cumplirlo. La visión nos permite entender el plan de Dios, mientras que el poder nos permite llevarlo a cabo. El apóstol nos muestra que no sólo debemos conocer la esperanza del llamamiento de Dios y las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos; sino también “la supereminente grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos”. No sólo debemos conocer a Dios, Su plan y Su meta, sino también el poder de Su fuerza. Si el poder de Dios no ha realizado nada en nosotros, significa que no lo conocemos realmente, ni Su plan ni Su propósito. Si conocemos a Dios, y conocemos Su plan y Su propósito, mas no la supereminente grandeza de Su poder, estaremos sólo en un plano general y no personal ni experimental. Esta es la razón por la que debemos conocer a Dios cabalmente, tanto Su plan y propósito, como el poder de Su resurrección.
El versículo 19 dice: “Y cuál la supereminente grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos”. Este poder es sin duda grande. Es tan grande que Dios tiene que abrir nuestros ojos para que podamos ver su grandeza. Es tan grande que ni aun los santos de Efeso alcanzaron a conocer toda su magnitud, ni a comprenderlo solos; necesitaron que Pablo orara por ellos para que Dios les concediera un espíritu de sabiduría y de revelación y que abriera los ojos de su corazón. Ni siquiera podemos determinar cuán grande es este poder. Sólo podemos decir que es muy grande; es más grande de lo que pensamos o nos imaginamos.
Por lo tanto, nunca debemos subestimar lo que está dentro de este vaso terrenal. Debemos entender que lo que está dentro de estos vasos terrenales es un tesoro (2 Co. 4:7). ¿Creemos esto? Hay un tesoro dentro de nosotros los vasos de barro. Este tesoro es tan precioso que aun nosotros mismos, quienes lo contenemos, no alcanzamos a ver cuán precioso es. Por un lado, vemos que los vasos terrenales son sólo un tabernáculo terrenal que pronto pasará; pero por otro, vemos la supereminente grandeza del poder del Señor para con nosotros. Los hijos de Dios debemos saber lo que recibimos en el momento de ser regenerados. Cuando un hombre es regenerado, recibe al Señor. Tal vez dicha experiencia dure sólo un minuto, pero le toma treinta o cuarenta años descubrir lo que recibió en ese minuto. La experiencia de aquel minuto sucede rápidamente, pero se necesitan treinta o cuarenta años para poder experimentar de manera continua aquel gran don que recibió en ese momento y para que Dios abra sus ojos a fin de que pueda ver tan grandioso don. De aquel minuto en adelante, la supereminente grandeza del poder de Dios empieza a operar en él. La regeneración acontece en un lapso muy corto. Sin embargo, aquellos cuyos ojos han sido abiertos, estarán de acuerdo en que lo que ellos poseen es la vida eterna y estarán de acuerdo también en que existe la supereminente grandeza del poder de Dios. Ningún hijo de Dios comprende cabalmente la grandeza que recibe en el momento de su regeneración, pero los que han experimentado un poco más de esta grandeza, son bienaventurados.
Nuestro crecimiento no depende de cuánto poder recibimos de parte del Señor, sino de cuánto vemos de ese poder. En el momento de regenerarnos, Dios depositó tal tesoro en nosotros los vasos terrenales; sin embargo, necesitamos toda una vida para descubrir la grandeza de este tesoro. Necesitamos toda una vida para descubrir qué clase de tesoro es éste. Si alguien no ve ninguna diferencia entre el tesoro que recibió el día en que fue salvo, y el tesoro que tiene diez o veinte años después, realmente no ha progresado en absoluto. Aunque ha vivido diez o veinte años como creyente, sigue siendo un niño recién nacido. Dios desea que veamos la supereminente grandeza de Su poder para con nosotros, por medio de la revelación del Espíritu Santo. Nuestra debilidad o fortaleza depende de cuánto hayamos visto. Quienes tienen la visión, son fuertes; y los que no, son débiles. Los fuertes no son los que han recibido, ni los débiles los que no han recibido; pues todos hemos recibido. Lo crucial es si hemos visto o no. Dios obra en nuestro interior no porque le pidamos cosas. El ya nos dio todo lo que nos puede dar; todo está dentro de nosotros. Lo que tenemos que hacer ahora es pedir a Dios que nos dé espíritu de sabiduría y de revelación para poder ver lo que ya recibimos. Aquellos que ven tienen la experiencia. Muchos santos han experimentado un avance espiritual, no por haber recibido una infusión del poder de Dios, sino porque, volviendo en sí, exclamaron: “Gracias Señor, todas estas cosas son mías”. Ellos no rogaron incesantemente que se les concediera lo que les faltaba, pues se dieron cuenta de que ya lo tenían todo, y sólo agradecieron y alabaron a Dios. Aquellos que nunca han visto esto, no conocen la supereminente grandeza del poder de Dios.
¿Cuán grande es el poder de Dios? Pablo habla de “según la operación del poder de Su fuerza”. Debemos prestar especial atención a la expresión “según”. Debemos entender que el poder que actúa en los que creen, actúa según la operación del poder de Su fuerza. En otras palabras, el poder que opera en la iglesia es tan grande como el poder de la fuerza que operó en Cristo. El poder de la fuerza con que Dios opera en nosotros es tan grande como el poder de la fuerza con la que El operó en Cristo. No existe diferencia. No sé si ustedes han visto esto. Si no lo han visto, deben orar. No deben pensar que están bien en todo solamente porque leyeron el libro de Efesios unas cuantas veces o porque han memorizado los versículos 19 y 20 del primer capítulo. Lo que verdaderamente cuenta es la revelación y la visión que reciban. Pablo oró pidiendo que nosotros pudiésemos ver la supereminente grandeza del poder de Dios que recibimos. Si no vemos que el poder que está en nosotros es el mismo que está en Cristo, debemos seguir pidiendo que podamos ver. Si el poder manifestado en nosotros no es el mismo manifestado en Cristo, tenemos que confesar que todavía hay cosas que no hemos visto. Debemos reconocer humildemente que hay muchas cosas que aún no vemos, y que necesitamos que Dios nos las muestre. Sea que las hayamos visto o no, eso no cambia el hecho: el poder que se encuentra en los que creen en Cristo, es tan grande como el poder que está en Cristo mismo. Damos gracias al Señor porque éste es un hecho. Que el Señor abra nuestros ojos para que podamos ver. No tenemos que pedir a Dios que nos transmita más poder. Sólo tenemos que pedirle que nos ayude a descubrir lo que ya tenemos en nuestro interior. Si Dios abre nuestros ojos, y vemos, le alabaremos por lo que ya tenemos.
Ahora veamos qué ha hecho este poder. Pablo dijo: “Según la operación del poder de Su fuerza, que hizo operar en Cristo, resucitándole de los muertos” (vs. 19-20). Este poder facultó a Cristo para resucitar de entre los muertos. Hablar de la resurrección es precioso para nosotros. La resurrección significa ser librado de los dolores de la muerte (Hch. 2:24). La muerte no puede detener a Cristo. Nadie que haya muerto ha podido volver a la vida. Nunca ha habido tal persona. Todos los que murieron en otras épocas, permanecen muertos; no pueden regresar. No obstante, hubo un hombre que resucitó de los muertos. Este es nuestro Señor. El dijo: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn. 11:25). El es la vida; por lo tanto, todo aquel que cree en El nunca morirá. El es la resurrección; así que quienes creen en El, aunque mueran, resucitarán. Todo el que ha muerto, está aprisionado por la muerte, nadie puede escapar de ella. Sólo un poder fue lo suficientemente grande como para entrar en la muerte y salir de ella. Este poder es el poder de Dios. Cuando ustedes ven que alguien muere y desean que pudiera seguir viviendo, en ese momento pueden comprobar cuán grande es el poder de la muerte. Es fácil que un hombre entre en la muerte pero es imposible que salga de ella. Es posible que un hombre se resista a vivir, pero es imposible que se resista a morir. La obra de Satanás se lleva a cabo por medio de las tinieblas y de la muerte. Pero el poder de Dios puede pasar por la muerte sin ser detenido por ella; el poder del diablo no puede vencer tal poder, ni el poder del Hades lo puede absorber. Esta es la resurrección. La resurrección pasa por la muerte y no es afectada por ésta. Este poder se encuentra ahora en nosotros. El mismo poder que levantó a Cristo de entre los muertos, nos capacita para pasar por la muerte sin ser atrapados por ella. El poder que permitió que el Señor Jesús fuera levantado de la muerte nos permitirá también a nosotros resucitar de entre los muertos.
Este poder no sólo levantó a Cristo de la muerte sino que también lo sentó “a Su diestra en los lugares celestiales, por encima de todo”; además, “sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”. Dios dio a Cristo por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia. Cristo como cabeza sobre todas las cosas edifica la iglesia. Esta es la razón por la que la iglesia puede recibir el poder del Señor. Hermanos, tal es el poder que se encuentra en ustedes; tal es el tesoro que tienen en su interior. Si aun así, todavía dicen que no pueden ser creyentes, ¿qué más puede darles Dios para que lo sean? Deben decir al Señor: “No me tienes que dar nada más. Ya lo has hecho todo”. Este poder se encuentra ahora en ustedes. Para un creyente no existe problema imposible de resolver, ni tentación insuperable. El poder que el creyente tiene en su interior es el poder de resurrección, el cual lo trasciende todo y es el mismo poder que puso todas las cosas bajo los pies de Cristo. También es el mismo poder que operó en Cristo.
Pablo tuvo mucho cuidado al escribir el libro de Efesios. El temía que erróneamente pudiéramos pensar que esta obra específica era personal, y por ello después de la expresión: “lo dio por Cabeza sobre todas las cosas...”, añadió: “a la iglesia, la cual es Su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo ” (vs. 22-23). La obra aplicada del Señor no se dirige a creyentes individuales, sino al Cuerpo. Dios nos muestra que Su plan eterno está relacionado con la iglesia, y no con los creyentes individuales. Es la iglesia la que se relaciona con el plan eterno de Dios. En la eternidad pasada Su plan se relaciona con la iglesia; en la futura también se relaciona con la iglesia y en la actualidad, la obra de Dios también gira en torno a la iglesia. Todo tiene que ver con la iglesia, no con los creyentes en forma particular. Dios quiere que la iglesia reciba este poder, no los individuos. Solos nunca podremos adquirir este poder. Tenemos que pedir a Dios que nos dé Su gracia para que veamos el Cuerpo de Cristo, y que nuestra vida sólo puede ser preservada en el Cuerpo. Ningún miembro que esté aislado del Cuerpo será útil. La vida es preservada cuando ni nuestra vida interior ni la de otros es interrumpida. Si un vaso sanguíneo se rompe y la sangre brota sin parar, todo el cuerpo morirá. Por el lado positivo, cuando los oídos escuchan, todo el cuerpo escucha; cuando los ojos ven, todo el cuerpo ve; lo que un miembro recibe, lo reciben todos los miembros. Por lo tanto, tenemos que aprender a vivir en el Cuerpo. Debemos aprender a estimarnos menos a nosotros mismos y a valorar más a la iglesia. Tenemos que aprender a seguir adelante junto con todos los hijos de Dios y entender que el Cuerpo es el vaso corporativo que preserva la vida. Pablo dijo: “La iglesia, la cual es Su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. La supereminente grandeza del poder de Dios la experimentan aquellos que conocen la iglesia. Si alguien no ve la iglesia ni se niega a sí mismo, no tendrá forma de que la supereminente grandeza del poder de Dios se manifieste en él. Por lo tanto, cuando hablamos de la obra aplicada de Dios en nosotros, la unidad básica es la iglesia, y no el creyente individual.
Que Dios abra nuestros ojos para que realmente veamos Su obra en nosotros. Este gran poder viene de nuestra visión y no de otros medios de gracia. Lo más importante es la revelación y la visión. Es inútil simplemente escuchar las doctrinas. Si oímos muchas doctrinas, pero no tenemos ninguna revelación, no experimentaremos ningún poder en nosotros; y las doctrinas que escuchemos serán como cheques sin fondos, que nunca podemos cobrar ni hacer efectivos. Que el Señor nos libre de doctrinas huecas y nos conceda un espíritu de sabiduría y de revelación, de manera que verdaderamente podamos ver algo.
...................
¡Cuidate!
¡Dios te bendiga!
"Despiértate, tú que duermes: Últimos tiempos"; resume las notas de nuestros Blogs: 1- "Apocalipsis, los últimos tiempos", 2- "Apocalipsis y actualidad" y 3- "Vídeos cristianos e informativos". Pretende ser un alerta basado en el conocimiento de las señales que nos fueron otorgadas mediante la profecía bíblica que hoy se cumplen delante de nuestros ojos. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Efesios 5:14
Mostrando entradas con la etiqueta Como conocer la Voluntad de Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Como conocer la Voluntad de Dios. Mostrar todas las entradas
domingo, 21 de junio de 2009
El poder de la resurrección
Publicado por
ICZUS
en
9:48
0
comentarios
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Etiquetas:
actualidad y apocalipsis,
anticristo,
apocalipsis,
Apostasía,
Arrebatamiento,
Benny Hinn,
Como conocer la Voluntad de Dios,
Ecumenismo,
Esperanza,
Guerras,
Hambre,
Illuminatis,
masonería,
Medio oriente,
Nuevo orden mundial,
Terremotos,
Watchman Nee
martes, 5 de mayo de 2009
Como conocer la voluntad de Dios
DIOS PONE FIN AL HOMBRE EXTERIOR
Texto perteneciente al libro "Como conocer la Voluntad de Dios" de Watchman Nee.
A fin de que la persona salva y regenerada pueda expresar la vida del Señor, necesita dar dos pasos. El primero es creer, que consiste en recibir la vida nueva, y el segundo, es consagrarse, que consiste en entregar al Señor su hombre exterior para que la vida nueva se exprese. Es como tener una casa rodeada por un terreno. Podemos pensar que la casa es el hombre interior, y que el terreno que la rodea es el hombre exterior. Si la casa pertenece a una persona, y el terreno a otra, habrá problemas. Por consiguiente, tan pronto como un hombre cree, debe consagrar su vida al Señor. La consagración consiste en entregar nuestro hombre exterior al Señor, para que le pertenezca a El, de la misma forma que el hombre interior. Muchos creyentes no se han definido todavía. Cuando se les pregunta si son salvos, dicen que sí. Pero a pesar de que son salvos, su hombre exterior nunca ha sido tocado. La vida interior que tienen está limitada al no poder expresarse. Por consiguiente, no debemos simplemente creer en el Señor y quedarnos en la etapa de ser salvos y regenerados. También debemos consagrar nuestro hombre exterior al Señor. Si un hombre está dispuesto a consagrar al Señor su mente, su parte afectiva y su voluntad, expresará la vida del Señor.
El problema que vemos hoy, es que aunque muchos se han consagrado, lo hacen a su propio antojo. Se consagran sólo cuando quieren hacerlo, y cuando no quieren, no lo hacen. La mayoría de las personas son guiadas por su intelecto y sus emociones, y su interés fundamental es satisfacer su propia carne. Muchos se comunican con el Señor valiéndose de su mente y de sus emociones. Son pocos los que se comunican con El usando su voluntad. Es fácil encontrar creyentes que valoran las doctrinas de la Biblia. Si les explican bien Mateo 24 o Apocalipsis, se complacen en escuchar tales mensajes. No se requiere mucho esfuerzo para escuchar un mensaje que no nos exige pagar ningún precio. Después de escuchar un buen mensaje, regresan contentos a casa, pero no sucede nada más. Otros tienen emociones sensibles. Siempre están activos trabajando para el Señor. Estos son mejores que los que son insensibles, pero son tan inestables como las olas del mar. Quizás ellos preparen un mensaje con mucho celo. Después de compartir el mensaje, es posible que piensen secretamente en su corazón cuán bueno fue su mensaje y cuántos fueron conmovidos. Quizás estén tan gozosos que no puedan dormir en toda la noche. (Muchas personas no pueden dormir por causa del dolor, pero éstos no pueden dormir por causa del gozo). Estas personas se complacen con las actividades de la carne. Aunque estén sirviendo al Señor exteriormente, en realidad se satisfacen a sí mismas. No han entregado su voluntad plenamente al Señor. Deben consagrar su voluntad incondicionalmente al Señor y ser disciplinadas por El. Antes de ofrecer algún servicio válido al Señor, deben permitirle que guíe su mente y su parte emotiva, a fin de no ser gobernadas por una mente activa ni ser impulsadas por sus emociones.
REQUISITOS PARA CONOCER
LA VOLUNTAD DE DIOS
No me agrada oír cuando la gente pregunta cómo conocer la voluntad de Dios. Todos nosotros ya deberíamos tener una respuesta clara al respecto. La voluntad de Dios sólo es revelada a quienes han consagrado su voluntad a El. El no nos obliga a hacer nada, pues siempre espera que nosotros estemos dispuestos. No es tan importante conocer la voluntad de Dios como estar dispuestos a hacerla. Tenemos que decirle al Señor: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya”. Cuando pongamos a un lado nuestro yo, conoceremos la voluntad de Dios. Una vez en una reunión de hermanas en Hangchow, dos hermanas me preguntaron si la voluntad de Dios se basaba en las circunstancias, en la Biblia o en otros principios. Al escuchar esto, me afligí mucho, y les respondí de una manera severa (aunque en mi corazón no había dureza): “Conocer la voluntad de Dios no es un asunto de métodos. Ustedes pueden tener los mejores métodos, y aplicarlos en detalle, paso a paso, pero aún seguirán sin conocer la voluntad de Dios”. Mientras hablaba, mis ojos estaban fijos en las dos hermanas. Entonces les pregunté: “¿Qué clase de personas son ustedes? El conocimiento que una persona tenga de la voluntad de Dios tiene que ver con la persona misma. Si la persona no es recta, el método no producirá ningún resultado. ¿Puede Dios revelar Su voluntad a personas como ustedes? No necesitan hacer muchas preguntas, no necesitan pedirle métodos a Dios. Dios puede revelar Su voluntad de muchas formas; puede revelarla por medio del viento, del trueno, de un niño o de una burra. Sólo necesitan preguntarse si personas como ustedes son aptas para conocer la voluntad de Dios”.
En Génesis 18, cuando Dios estaba a punto de destruir la ciudad de Sodoma, fue a ver a Abraham, porque no podía ocultarle lo que iba a hacer. Abraham era amigo de Dios (Jac. [Stg.] 2:23). El no era un esclavo de Dios, porque el esclavo no sabe lo que hace su señor; sólo el amigo conoce la mente de un amigo (Jn. 15:15). No había barreras entre Abraham y Dios, y por esto Dios no podía ocultar lo que iba a hacer. Lot era pariente de Abraham; él pudo haber tenido mucho conocimiento espiritual, pero Dios no habló con él; sólo habló con Abraham. Sería muy extraño si Lot se me acercara y me preguntara: “¿Cómo puedo conocer la voluntad de Dios?” Abraham era apto para conocer la voluntad de Dios, pero Lot no. Sería inútil que Lot supiera cuál era la voluntad de Dios. Lot aún seguiría siendo Lot. ¿Quién es usted? ¿Es usted Abraham o Lot? Muchos prestan atención sólo a los métodos para conocer la voluntad de Dios. Es necesario conocer los métodos, pero debemos ser como Abraham para comprenderlos. Si es alguien como Lot, quien está aprendiendo estos métodos, aunque sean los mejores, de nada servirán, porque es una persona que vive en el mundo. No ha puesto fin a su relación con el mundo ni con la posición que tiene en él. Necesitamos aplicar la luz de Dios para ver si en nosotros hay pecados, sean grandes o pequeños. ¿Hemos cometido alguna injusticia? ¿Le debemos algo a alguien? ¿Hemos sido negligentes en nuestro comportamiento o hemos sido incorrectos en nuestras palabras, gestos o actitudes? ¿Estamos todavía aferrados a algo? Todos estos pecados, grandes y pequeños, afectan nuestra aptitud para conocer la voluntad de Dios.
EL PUNTO DE PARTIDA PARA CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS:
UNA CONSAGRACION INCONDICIONAL
En cuanto a conocer la voluntad de Dios, Pablo dijo que no debemos ser insensatos, sino entender cuál es la voluntad del Señor (Ef. 5:17). Hay un punto de partida para conocer la voluntad de Dios, y hay una continuación para la misma. Si no se tiene el comienzo apropiado, no se puede conocer la voluntad de Dios. Pero aun teniendo un buen comienzo, si uno no es la persona apropiada, seguirá sin conocer la voluntad de Dios.
¿Alguna vez en su vida se ha consagrado incondicionalmente al Señor? No me refiero a dedicarse a ser un predicador, sino a consagrarse a El para hacer Su voluntad. Usted no necesita preocuparse con respecto a la voluntad de Dios; sólo tiene que consagrarse de manera sincera. Debe comprender que necesita una relación directa con la voluntad de Dios, y ésta no debe ser afectada por los hermanos. Si el Señor quiere que yo vaya al oriente, iré al oriente. No me afectará la opinión de ninguna persona, cosa o circunstancia. Aún así, mis ojos no estarán puestos en el oriente sino en Dios mismo. El peligro que existe entre los obreros de Dios es que pueden convertir la obra en el centro de su atención. No podemos desarrollar ningún apego a la obra, ni a las personas ni a las circunstancias. Debemos relacionarnos directamente con Dios y poner nuestros ojos exclusivamente en El. Los siete espíritus de Apocalipsis son enviados por toda la tierra, pero no tienen relación alguna con la tierra. Estos siete espíritus están delante del trono de Dios (1:4; 5:6) y se relacionan solamente con Dios. Debemos consagrarnos plenamente a Dios por lo menos una vez, para poder ejecutar Su voluntad. Este es el punto de partida en nuestro conocimiento de la voluntad de Dios. Sin este punto de partida, nunca podremos entender la voluntad de Dios como se debe.
LA CONTINUACION EN CONOCER
LA VOLUNTAD DE DIOS:
ELIMINAR TODOS LOS OBSTACULOS
El punto de partida para conocer la voluntad de Dios es una consagración incondicional. Pero si uno desea avanzar en dicha voluntad, debe eliminar todos los obstáculos. Si es obstinado, envidioso, orgulloso o tiene pequeños problemas de índole semejante, está enfermo espiritualmente y no podrá conocer la voluntad de Dios. Si usted desea impedir que su oído escuche algo, no necesita tapárselo con una vara ni un escritorio; basta con un pequeño dedo. El mismo principio se aplica al conocimiento de la voluntad de Dios: un pequeño obstáculo será suficiente para impedirnos conocer Su voluntad.
Una vez daba un paseo con la señorita Barber por un jardín. Después de un rato nos cansamos y nos sentamos en unas sillas debajo de un árbol. Ella dijo: “Hay una estrella brillante en el cielo, pero no puedo verla porque una hoja me impide verla. Hermano Nee, si alguien se me acerca y me habla de las muchas maneras de ver la estrella, no podría verla aun cuando los métodos de observación que me sugiriera fueran muy buenos. La razón es que mi posición no es la indicada; estoy parada en el lugar equivocado”. Las palabras que me dijo en esa ocasión, todavía están frescas en mi mente. Ella me explicó que una pequeña hoja puede impedir que veamos la luz de una enorme estrella. Muchas veces, cosas muy pequeñas ocultan la voluntad de Dios. Si después de buscar la voluntad de Dios muchas veces, no obtiene una visión clara, la solución no es cambiar de método, sino de persona. Si descubre que no puede conocer la voluntad de Dios, esto indica que algo se interpone entre usted y Dios. Puede ser que ya Dios le haya hablado y que usted no haya estado dispuesto a obedecerlo. Usted debe eliminar estos obstáculos. Una vez que haya puesto fin a estos problemas, conocerá la voluntad de Dios. Para conocer la voluntad de Dios, debemos prestar atención a la persona más que a los métodos.
LA MANERA DE CONOCER
LA VOLUNTAD DE DIOS
VARIA DE UNA PERSONA A OTRA
Puede ser que un mismo método no se aplique a todas las personas. David se ofreció para pelear contra Goliat, y Saúl le prestó su armadura. Pero como no le ajustó bien ni podía caminar con ella, decidió quitársela (1 S. 17:32, 38-39). Una vez, cuando estuve en Shanghai, le di mi abrigo al hermano Luk, y le quedaba demasiado pequeño. No se sentía muy cómodo con el abrigo, pues no le quedaba bien. Sólo podemos ponernos algo que sea de nuestra talla. Dadas las diferentes condiciones del hombre, Dios ha designado diferentes maneras para que éste lo conozca. Algunos le pueden conocer con cierta facilidad, mas para otros es muy difícil. En todo caso, Dios tiene una camino para que el hombre conozca Su voluntad. Por tal motivo, no debemos tratar de aprender ningún método. Lo que tenemos que hacer es consagrarnos al Señor, eliminar los obstáculos y mantener una relación personal con El.
LOS QUE LABORAN PARA DIOS
DEBEN CONOCER SU VOLUNTAD
Muchas veces he ofendido a muchos hermanos. Cuando me preguntan por la manera de conocer la voluntad de Dios, siempre les respondo que no me gustan tales preguntas. Qué bendición sería si pudiésemos consagrarnos por completo al Señor para conocer Su voluntad. ¿Qué somos nosotros? Aunque la tierra, el sistema solar y el universo sean tan vastos e inmensurables, ¡nunca se pueden comparar con la voluntad de Dios! ¡Cuán glorioso es que un pecador, un hombre de polvo, pueda conocer la voluntad de Dios! Una vez que un hombre llega a conocer la voluntad de Dios, viene a ser superior a una simple criatura. Esta es la meta del Nuevo Testamento. Aquellos que no conocen la voluntad de Dios, ni siquiera son aptos para ser llamados cristianos y están desperdiciando las provisiones de Dios. Los que no conocen la voluntad de Dios, no pueden laborar para El. Si un siervo no conoce el deseo de Su amo, ¿cómo puede ser un siervo? Es posible que un incrédulo no tenga conocimiento de la voluntad de Dios, pero es inexcusable que nosotros no conozcamos Su voluntad. Un cristiano debe primero que todo ser un amigo de Cristo: uno que conoce Su voluntad, antes de llegar a ser un esclavo Suyo: uno que le sirve. Necesitamos hacernos la pregunta: “¿Somos amigos del Señor? ¿Hay alguna barrera entre El y nosotros? ¿Conocemos Su voluntad?” Sólo después de que hayamos llegado a ser sus amigos, podremos llegar a ser Sus esclavos y trabajar para El.
Texto perteneciente al libro "Como conocer la Voluntad de Dios" de Watchman Nee.
A fin de que la persona salva y regenerada pueda expresar la vida del Señor, necesita dar dos pasos. El primero es creer, que consiste en recibir la vida nueva, y el segundo, es consagrarse, que consiste en entregar al Señor su hombre exterior para que la vida nueva se exprese. Es como tener una casa rodeada por un terreno. Podemos pensar que la casa es el hombre interior, y que el terreno que la rodea es el hombre exterior. Si la casa pertenece a una persona, y el terreno a otra, habrá problemas. Por consiguiente, tan pronto como un hombre cree, debe consagrar su vida al Señor. La consagración consiste en entregar nuestro hombre exterior al Señor, para que le pertenezca a El, de la misma forma que el hombre interior. Muchos creyentes no se han definido todavía. Cuando se les pregunta si son salvos, dicen que sí. Pero a pesar de que son salvos, su hombre exterior nunca ha sido tocado. La vida interior que tienen está limitada al no poder expresarse. Por consiguiente, no debemos simplemente creer en el Señor y quedarnos en la etapa de ser salvos y regenerados. También debemos consagrar nuestro hombre exterior al Señor. Si un hombre está dispuesto a consagrar al Señor su mente, su parte afectiva y su voluntad, expresará la vida del Señor.
El problema que vemos hoy, es que aunque muchos se han consagrado, lo hacen a su propio antojo. Se consagran sólo cuando quieren hacerlo, y cuando no quieren, no lo hacen. La mayoría de las personas son guiadas por su intelecto y sus emociones, y su interés fundamental es satisfacer su propia carne. Muchos se comunican con el Señor valiéndose de su mente y de sus emociones. Son pocos los que se comunican con El usando su voluntad. Es fácil encontrar creyentes que valoran las doctrinas de la Biblia. Si les explican bien Mateo 24 o Apocalipsis, se complacen en escuchar tales mensajes. No se requiere mucho esfuerzo para escuchar un mensaje que no nos exige pagar ningún precio. Después de escuchar un buen mensaje, regresan contentos a casa, pero no sucede nada más. Otros tienen emociones sensibles. Siempre están activos trabajando para el Señor. Estos son mejores que los que son insensibles, pero son tan inestables como las olas del mar. Quizás ellos preparen un mensaje con mucho celo. Después de compartir el mensaje, es posible que piensen secretamente en su corazón cuán bueno fue su mensaje y cuántos fueron conmovidos. Quizás estén tan gozosos que no puedan dormir en toda la noche. (Muchas personas no pueden dormir por causa del dolor, pero éstos no pueden dormir por causa del gozo). Estas personas se complacen con las actividades de la carne. Aunque estén sirviendo al Señor exteriormente, en realidad se satisfacen a sí mismas. No han entregado su voluntad plenamente al Señor. Deben consagrar su voluntad incondicionalmente al Señor y ser disciplinadas por El. Antes de ofrecer algún servicio válido al Señor, deben permitirle que guíe su mente y su parte emotiva, a fin de no ser gobernadas por una mente activa ni ser impulsadas por sus emociones.
REQUISITOS PARA CONOCER
LA VOLUNTAD DE DIOS
No me agrada oír cuando la gente pregunta cómo conocer la voluntad de Dios. Todos nosotros ya deberíamos tener una respuesta clara al respecto. La voluntad de Dios sólo es revelada a quienes han consagrado su voluntad a El. El no nos obliga a hacer nada, pues siempre espera que nosotros estemos dispuestos. No es tan importante conocer la voluntad de Dios como estar dispuestos a hacerla. Tenemos que decirle al Señor: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya”. Cuando pongamos a un lado nuestro yo, conoceremos la voluntad de Dios. Una vez en una reunión de hermanas en Hangchow, dos hermanas me preguntaron si la voluntad de Dios se basaba en las circunstancias, en la Biblia o en otros principios. Al escuchar esto, me afligí mucho, y les respondí de una manera severa (aunque en mi corazón no había dureza): “Conocer la voluntad de Dios no es un asunto de métodos. Ustedes pueden tener los mejores métodos, y aplicarlos en detalle, paso a paso, pero aún seguirán sin conocer la voluntad de Dios”. Mientras hablaba, mis ojos estaban fijos en las dos hermanas. Entonces les pregunté: “¿Qué clase de personas son ustedes? El conocimiento que una persona tenga de la voluntad de Dios tiene que ver con la persona misma. Si la persona no es recta, el método no producirá ningún resultado. ¿Puede Dios revelar Su voluntad a personas como ustedes? No necesitan hacer muchas preguntas, no necesitan pedirle métodos a Dios. Dios puede revelar Su voluntad de muchas formas; puede revelarla por medio del viento, del trueno, de un niño o de una burra. Sólo necesitan preguntarse si personas como ustedes son aptas para conocer la voluntad de Dios”.
En Génesis 18, cuando Dios estaba a punto de destruir la ciudad de Sodoma, fue a ver a Abraham, porque no podía ocultarle lo que iba a hacer. Abraham era amigo de Dios (Jac. [Stg.] 2:23). El no era un esclavo de Dios, porque el esclavo no sabe lo que hace su señor; sólo el amigo conoce la mente de un amigo (Jn. 15:15). No había barreras entre Abraham y Dios, y por esto Dios no podía ocultar lo que iba a hacer. Lot era pariente de Abraham; él pudo haber tenido mucho conocimiento espiritual, pero Dios no habló con él; sólo habló con Abraham. Sería muy extraño si Lot se me acercara y me preguntara: “¿Cómo puedo conocer la voluntad de Dios?” Abraham era apto para conocer la voluntad de Dios, pero Lot no. Sería inútil que Lot supiera cuál era la voluntad de Dios. Lot aún seguiría siendo Lot. ¿Quién es usted? ¿Es usted Abraham o Lot? Muchos prestan atención sólo a los métodos para conocer la voluntad de Dios. Es necesario conocer los métodos, pero debemos ser como Abraham para comprenderlos. Si es alguien como Lot, quien está aprendiendo estos métodos, aunque sean los mejores, de nada servirán, porque es una persona que vive en el mundo. No ha puesto fin a su relación con el mundo ni con la posición que tiene en él. Necesitamos aplicar la luz de Dios para ver si en nosotros hay pecados, sean grandes o pequeños. ¿Hemos cometido alguna injusticia? ¿Le debemos algo a alguien? ¿Hemos sido negligentes en nuestro comportamiento o hemos sido incorrectos en nuestras palabras, gestos o actitudes? ¿Estamos todavía aferrados a algo? Todos estos pecados, grandes y pequeños, afectan nuestra aptitud para conocer la voluntad de Dios.
EL PUNTO DE PARTIDA PARA CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS:
UNA CONSAGRACION INCONDICIONAL
En cuanto a conocer la voluntad de Dios, Pablo dijo que no debemos ser insensatos, sino entender cuál es la voluntad del Señor (Ef. 5:17). Hay un punto de partida para conocer la voluntad de Dios, y hay una continuación para la misma. Si no se tiene el comienzo apropiado, no se puede conocer la voluntad de Dios. Pero aun teniendo un buen comienzo, si uno no es la persona apropiada, seguirá sin conocer la voluntad de Dios.
¿Alguna vez en su vida se ha consagrado incondicionalmente al Señor? No me refiero a dedicarse a ser un predicador, sino a consagrarse a El para hacer Su voluntad. Usted no necesita preocuparse con respecto a la voluntad de Dios; sólo tiene que consagrarse de manera sincera. Debe comprender que necesita una relación directa con la voluntad de Dios, y ésta no debe ser afectada por los hermanos. Si el Señor quiere que yo vaya al oriente, iré al oriente. No me afectará la opinión de ninguna persona, cosa o circunstancia. Aún así, mis ojos no estarán puestos en el oriente sino en Dios mismo. El peligro que existe entre los obreros de Dios es que pueden convertir la obra en el centro de su atención. No podemos desarrollar ningún apego a la obra, ni a las personas ni a las circunstancias. Debemos relacionarnos directamente con Dios y poner nuestros ojos exclusivamente en El. Los siete espíritus de Apocalipsis son enviados por toda la tierra, pero no tienen relación alguna con la tierra. Estos siete espíritus están delante del trono de Dios (1:4; 5:6) y se relacionan solamente con Dios. Debemos consagrarnos plenamente a Dios por lo menos una vez, para poder ejecutar Su voluntad. Este es el punto de partida en nuestro conocimiento de la voluntad de Dios. Sin este punto de partida, nunca podremos entender la voluntad de Dios como se debe.
LA CONTINUACION EN CONOCER
LA VOLUNTAD DE DIOS:
ELIMINAR TODOS LOS OBSTACULOS
El punto de partida para conocer la voluntad de Dios es una consagración incondicional. Pero si uno desea avanzar en dicha voluntad, debe eliminar todos los obstáculos. Si es obstinado, envidioso, orgulloso o tiene pequeños problemas de índole semejante, está enfermo espiritualmente y no podrá conocer la voluntad de Dios. Si usted desea impedir que su oído escuche algo, no necesita tapárselo con una vara ni un escritorio; basta con un pequeño dedo. El mismo principio se aplica al conocimiento de la voluntad de Dios: un pequeño obstáculo será suficiente para impedirnos conocer Su voluntad.
Una vez daba un paseo con la señorita Barber por un jardín. Después de un rato nos cansamos y nos sentamos en unas sillas debajo de un árbol. Ella dijo: “Hay una estrella brillante en el cielo, pero no puedo verla porque una hoja me impide verla. Hermano Nee, si alguien se me acerca y me habla de las muchas maneras de ver la estrella, no podría verla aun cuando los métodos de observación que me sugiriera fueran muy buenos. La razón es que mi posición no es la indicada; estoy parada en el lugar equivocado”. Las palabras que me dijo en esa ocasión, todavía están frescas en mi mente. Ella me explicó que una pequeña hoja puede impedir que veamos la luz de una enorme estrella. Muchas veces, cosas muy pequeñas ocultan la voluntad de Dios. Si después de buscar la voluntad de Dios muchas veces, no obtiene una visión clara, la solución no es cambiar de método, sino de persona. Si descubre que no puede conocer la voluntad de Dios, esto indica que algo se interpone entre usted y Dios. Puede ser que ya Dios le haya hablado y que usted no haya estado dispuesto a obedecerlo. Usted debe eliminar estos obstáculos. Una vez que haya puesto fin a estos problemas, conocerá la voluntad de Dios. Para conocer la voluntad de Dios, debemos prestar atención a la persona más que a los métodos.
LA MANERA DE CONOCER
LA VOLUNTAD DE DIOS
VARIA DE UNA PERSONA A OTRA
Puede ser que un mismo método no se aplique a todas las personas. David se ofreció para pelear contra Goliat, y Saúl le prestó su armadura. Pero como no le ajustó bien ni podía caminar con ella, decidió quitársela (1 S. 17:32, 38-39). Una vez, cuando estuve en Shanghai, le di mi abrigo al hermano Luk, y le quedaba demasiado pequeño. No se sentía muy cómodo con el abrigo, pues no le quedaba bien. Sólo podemos ponernos algo que sea de nuestra talla. Dadas las diferentes condiciones del hombre, Dios ha designado diferentes maneras para que éste lo conozca. Algunos le pueden conocer con cierta facilidad, mas para otros es muy difícil. En todo caso, Dios tiene una camino para que el hombre conozca Su voluntad. Por tal motivo, no debemos tratar de aprender ningún método. Lo que tenemos que hacer es consagrarnos al Señor, eliminar los obstáculos y mantener una relación personal con El.
LOS QUE LABORAN PARA DIOS
DEBEN CONOCER SU VOLUNTAD
Muchas veces he ofendido a muchos hermanos. Cuando me preguntan por la manera de conocer la voluntad de Dios, siempre les respondo que no me gustan tales preguntas. Qué bendición sería si pudiésemos consagrarnos por completo al Señor para conocer Su voluntad. ¿Qué somos nosotros? Aunque la tierra, el sistema solar y el universo sean tan vastos e inmensurables, ¡nunca se pueden comparar con la voluntad de Dios! ¡Cuán glorioso es que un pecador, un hombre de polvo, pueda conocer la voluntad de Dios! Una vez que un hombre llega a conocer la voluntad de Dios, viene a ser superior a una simple criatura. Esta es la meta del Nuevo Testamento. Aquellos que no conocen la voluntad de Dios, ni siquiera son aptos para ser llamados cristianos y están desperdiciando las provisiones de Dios. Los que no conocen la voluntad de Dios, no pueden laborar para El. Si un siervo no conoce el deseo de Su amo, ¿cómo puede ser un siervo? Es posible que un incrédulo no tenga conocimiento de la voluntad de Dios, pero es inexcusable que nosotros no conozcamos Su voluntad. Un cristiano debe primero que todo ser un amigo de Cristo: uno que conoce Su voluntad, antes de llegar a ser un esclavo Suyo: uno que le sirve. Necesitamos hacernos la pregunta: “¿Somos amigos del Señor? ¿Hay alguna barrera entre El y nosotros? ¿Conocemos Su voluntad?” Sólo después de que hayamos llegado a ser sus amigos, podremos llegar a ser Sus esclavos y trabajar para El.
Publicado por
ICZUS
en
17:08
0
comentarios
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Etiquetas:
actualidad y apocalipsis,
anticristo,
apocalipsis,
Apostasía,
Arrebatamiento,
Benny Hinn,
Como conocer la Voluntad de Dios,
Ecumenismo,
Esperanza,
Guerras,
Hambre,
Illuminatis,
masonería,
Medio oriente,
Nuevo orden mundial,
Terremotos,
Watchman Nee
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Señales de los últimos tiempos
2Timoteo 3:1 Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles.
2Ti 3:2 Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes,
2Ti 3:3 sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno,
2Ti 3:4 traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios;
2Ti 3:5 teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder; a los tales evita.